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28 de septiembre de 2015

MI HABITACION

Poseo una pequeña sala donde puedo escribir, leer y empecinarme hacer mejor lo que hago. Y para guardar ordenadamente mis libros que no todos podrán ubicarse en esta habitación. He ido regalando aquellos que ya he leído y otros que son pedido por mis amigos.  

Sin embargo, he comenzado a sentir cierto pudor. 
He estado escribiendo en mis dos blogs y otros espacios en internet como así mismo guardo temas en mis archivos que pudiera compartir alguna vez. Si bien es cierto que tengo acá un espacio exclusivo no soy de instalarme delante de mi ordenador y ocuparlo como trinchera. Puedo decir que estoy insertado en el mundo que vivo, estoy con la gente y me percato de sus sueños, sus alegrías e infortunios. Definitivamente amo este oficio de escribir como me parece detestable la escasa ética en los sectores de alta responsabilidad comunicacional.

¿A qué viene entonces el pudor? 
Es que lo que escribo no es tanto fruto de mi inteligencia sino una mezcla de tozudez y esfuerzo. Reconozco que siempre fui de los primeros alumnos cuando niño y estudiando en dos ocasiones en la universidad. Un día tuve que admitir que no era tanto por mi natural talento sino por mi esfuerzo en los estudios. Simple. Pero, honestamente, nunca tanto para decaer en mi trabajo aunque me falta -creo yo- ese motor que tienen muchos. Bueno, los de signo Virgo somos amantes de los detalles, sabemos concentrarnos y solemos tener un mayor sentido de la belleza y del orden. Dicen. Además, que si somos Caballo en el zodiaco chino la cosa es más seria. (Esto lo he agregado para que no se crea que estoy triste pues hay muchas cosas que realizo que otros no hacen. Así la vida busca el equilibrio). Advierto, sí, que hay temas "que no me salen". Quiero decir, que no les doy la profundidad que merecen y eso, en algunos casos, salta a la vista.

Considero que más que la habitación de cuatro paredes -que pintaré luego durante la primavera- es la vida interior la verdadera morada donde viven las ideas, palabras, proyectos y sueños, donde también los amores cercanos conviven con los distantes, la claridad de hoy con los pasados recuerdos, las miradas con las nostalgias. Esto lo sabemos todos pero es bueno recordarlo.

Hasta pronto.

Autor: Vicente Corrotea A.
Imagen de la colección de Google.

21 de septiembre de 2015

CUMPLO 73

Hoy, día 22 de septiembre, cumplo 73 años. Y la verdad es que no estoy muy contento. Todavía recuerdo que cuando cumplí 60 años me aseguraron que desde los 65 tendría un ramo de proyectos de esos que rebasan el alma, que dormiría lo que quisiera, que escribiría con tranquilidad y tiempo en el ordenador, que iría al cine cuando quisiera, que leería un libro al mes por lo menos, ah y que dejaría de trabajar por las sucias monedas pues ya tendría arreglado mi presupuesto. ¿Quién dijo que a esta altura de la vida sólo sabría apreciar lo bello, lo equilibrado de la sociedad, su justicia y equidad en políticos, empresarios, curas y policías esforzados, fundando nuestras relaciones en que la ley es igual para todos?.

¡Son 73 años! Me resisto a considerar esta cantidad, es que tengo mucho menos no sólo porque corro en el metro ni porque no ocupo la escala mecánica. ¿Se puede medir el transcurso de los años?. No. Los años o la vida no pueden medirse, a lo mas -ayudado por mi calculadora- saber que tengo 26.663 días sumando uno más por cada año bisiesto. Definitivamente el largo de la vida no puede medirse ni por las experiencias, ni por la felicidad o el sufrimiento cosechados, ni por la entrega desinteresada a los demás sean cercanos o lejanos, ni por las veces que he perdonado, ni por los logros o las equivocaciones, ni por los sueños o lo que espero.

Trato de ser comprensivo con el tipo de barba blanca que veo cada mañana frente al espejo. Luce ojos cansados, pierde cabello por la nuca y le crece por otros lados. A veces lo escucho hablarme. "Oye, has perdido otro poco de humanidad. ¿Cómo van tus ejercicios y caminatas, Vicente? ¿Ha vuelto ese dolorcillo a la región lumbar?". Me fastidia el espejo con su impertinencia. No escribiré lo que hoy me dijo.

Justo tengo hora a las 14:30 horas para hacerme un chequeo médico. Te lo prometo. Espero recibir buenas noticias, y para no me veas como el próximo suicida voy a celebrar estos 73. 

Autor: Vicente Corrotea A.

13 de septiembre de 2015

DUELE NO ESCRIBIR

Me he permitido no escribir por un tiempo poemas ni otros trabajos, obligándome a no recoger esas ideas entre las hierbas de palabras que saltan como insectos que suelo atrapar en mi cuaderno de apuntes.


Sí. Quiero sentir cuánto duele no escribir y restarle sueños a la vida, indagando si valen las emociones de crear, la operación de escribir, y de otorgarme el placer de construir ese como pequeño huerto íntimo de condimentos, verduras y otros, fabricando compostas, manteniendo la tierra fresca y aireada, regocijándome cómo crece el perejil, el ciboulette y más allá los jazmines. También saber arrancar en el papel lo que no sirve, las hojas secas, las hierbas y gusanos invasivos. (Ciertamente he escrito una decena de veces en un cuaderno, anquilosado por la pereza obligada y el largo olvido del invierno; Son asuntos breves como poemas, el resumen de un cuento para mi nieto Renato y relatos sin terminar). 

Me pregunto nuevamente: ¿Valdrá la pena lo que escribo y publico de vez en cuando? Mientras tanto, trabajo casi toda la semana y camino sin mochila ni cartera los cuatro kilómetros diarios recomendados.


Autor: Vicente Corrotea A.


Fotografía de la colección de Google