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15 de marzo de 2015

EL ENCUENTRO



-¿Puedo compartir la mesa con usted? Están todas ocupadas hoy día... Si hablo mucho le permito me lo diga. Es algo que no puedo evitar. Pero trato de ser justa y creo que no daño a nadie. Por ejemplo, le diré que ha escogido para usted un 
perfume que le viene muy bien y la porción discreta es la justa para ser percibido.
-Me voy a permitir decirle algo frívolo: El aroma de su perfume me ha envuelto como la brisa de la tarde.
-¡Qué bello! No esperaba que pudiera expresar una opinión tan convincente y varonil... Bueno, llegado a esta parte tengo que decirle que me llamo Irene.
-Me llamo Rafael y tengo 56 años.
-Ese fue un golpe bajo como se dice. Me obliga a confesar mi edad.
-No la diga si no quiere.
-Dígame en qué rango usted me ubica.
-Déjeme tomar su mano. Debe tener entre 60 y 62 años.
-Impresionante. Tengo 61. Nadie me había hecho un cálculo tan certero. No puedo negar que me fascina esta conversación que se ha dado con algo de audacia y mas de cordialidad.
-Y ya que hemos avanzado rápido quisiera saber cómo vive usted o debería decir mejor qué trabajo realiza.
-Hace tres años que soy viuda de un gran hombre, casi perfecto. Alegre, generoso, comprensivo. Me miraba feliz y agradecido de contar conmigo. Siempre me sentí joven a su lado. Por lo que no me he sentido realmente seducida por otros hombres. En realidad, no me he preocupado pues he llegado a sentirme muy libre e independiente. Hago clase en la universidad, en mi departamento cocino para mí y me divierto hacerlo o salgo a comer afuera como ahora. Gracias a ello he podido conocerlo.
-¿Podemos tutearnos?
-Pero es muy tarde para eso. (Risas).
-Yo hago muchas cosas y lo que más me resulta agradable es lo relacionado con la música. Además de componer tengo un cuarteto donde interpretamos obras con diversos instrumentos. Además tenemos una escuela de música para niños.
-Te diré que cuando joven tuve el prejuicio de que los artistas eran de alguna manera más débiles y vulnerables.
-No más débiles pero que sí más vulnerables a las emociones, a los demás, a los niños, al dolor y a las ausencias, a la naturaleza. En general -porque no somos los únicos-apreciamos mejor la vida cotidiana como este almuerzo y lo bello de haber estado contigo.
-Creo que debo marcharme y dejarte libre
-Tengo aún un tiempo para mí que me lo doy después de almorzar. Camino a pie bordeando los jardines del parque. Hoy me toca ir a la escuela de niños.
-Quisiera acompañarte.
-Claro. ¿Puedo asirme de tu brazo? Soy ciego.


Autor: Vicente Corrotea A.


Fotografía de la colección de Google


5 comentarios:

  1. Hola Vicente que hermosa narración, al terminar la leí de nuevo para apreciar mas los detalles como el perfume y las manos, me encantó. Un abrazo y ya no te retires tanto.

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    1. Qué grato leerte en mi rincón. Mis ausencias son provocadas por el mayor trabajo en el verano en Chile. Evitaré en lo posible que se vuelva a repetir. Abrazos.

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  2. Un placer leerte, Vicente me gusta tu narración, es muy hermosa.

    Un abrazo

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  3. Gracias, Isabel, por tu comentario. Dame tu dirección de tu blog.
    Hasta pronto.

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  4. Bello relato, Vicente. No sabía de esta faceta tuya.
    Un abrazo.

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Agradezco tu comentario franco y cortés que me invita a las novedades de tu blog.