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27 de junio de 2014

SURCOS

No supo qué enfermedad se había llevado a su mujer. Pudo ser el cansancio por los muchos años o algo de eso que llaman cáncer. Ahora su soledad era como un escorpión que no se decidía a poner su aguijón y terminar con la tragedia que la llevaba día y noche. Hasta el saludo de la gente de su aldea le parecía lastimero y lejano. Todos los días iba al pequeño camposanto para hacer una oración a su compañera. "Creo que pronto estaré aquí contigo". Una vez le pareció escuchar a su mujer que le decía que era ella la que lo acompañaba en sus días. "Puedes morir donde quieras y yo sabré esperarte". Entonces, como madurando una reflexión, vendió su casa al vecino más pudiente, metió algunas cosas en una bolsa, lloró y se dirigió a la estación a esperar el tren que pasaba por la tarde.


Al principio creyó que su corazón llevaba el mismo ritmo del tren viejo pero remozado, mientras miraba el paisaje conocido hasta que todo se fue convirtiendo en algo tan extraño como secreto ajeno. Le laceraba el corazón darse cuenta que no sabía cuál era su destino y que no tendría retorno ni menos porqué lo hacía. Después, la oscuridad dejaba que el tren cumpliera con el rumbo encomendado. Entretanto la vigilia de tantos días le otorgó un sueño profundo que lo acompañó hasta que una parada del tren lo despertó. Sentía que sus manos calientes de tantas jornadas estaban ahora frías, esas manos que siempre estuvieron atentas con su amada, especialmente con su cabello blanco de tiempos y convicciones. Ahora no sabía qué hacer con ellas. El tren se había detenido y era por varios minutos en una pequeña estación y estafeta, cerrada a esas horas de la noche. Consultó en qué lugar estaban detenidos indicándole que la estación y el pueblo algo distante se llamaban Surcos, nombre que le pareció una señal para pretender afincarse en esas tierras, bajándose con su bolsa. Cuando partió el tren ya estaba sentado en el único escaño ajustándose la ropa para pasar lo mejor posible el frío. Vencido por el sueño comenzó a soñar que sus manos dibujaban en la tierra naciendo su primer huerto. Surcos le parecía un buen nombre, un lugar para vivir de nuevo.

Al día siguiente lo encontraron tan quieto como el frío de invierno de esa madrugada. Había partido para abrir surcos en el cielo. Además, ya no estaba solo.

Autor: Vicente Corrotea A.

Fotografía de la Colección de Google







8 comentarios:

  1. Por fin encontró la paz.
    Muy emotivo.

    Saludos.

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    1. Escribimos lo que se ve, lo que siente o imaginas. Mi texto supone que el hombre encuentra su paz interior, supone el encuentro con su amada pero certeza no hay ninguna. Creo que es mejor así.
      Agradezco tu compañía.

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  2. Me encantó el relato; uno se queja de todo lo que debemos trabajar en la casa y no nos damos cuenta que quedar solo es peor. El famoso dicho, valoramos las cosas cuando ya no las tenemos.
    Muy bueno Vicente,felicitaciones. Un abrazo

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    1. Gracias, Mabel. Te recuerdo con el afecto de estar muchos años unidos por este precioso medio de los blogs y por BMs. Un abrazo de hermandad.

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  3. Estimada Sr:
    Aunque ni nombre quizás no importe y mi vida quizás tampoco, me gustaría transmitirte lo más importante...el por qué estoy aquí.
    Olisqueando por internet páginas sentidas y emocionadas que aportaran algo más en mí y me ayudaran a adentrarme aún más en el mundo que me espera y donde se encuentran ya personas importantes para mí...fui a parar afortunadamente aquí para dar a conocer una nueva ilusión. un nuevo proyecto creo que necesitado por muchos en ésta etapa y espero que me permitas la osadía.
    Sobre mí.... alguien a quien el devenir de su vida y sus circunstancias le impulsan a dirigirla hacia los mayores. Te preguntarás por qué a ellos y casi no sé como expresarte esa necesidad...quizás devolver tanto amor y entrega a la figura de mi madre?. Madre como tantas y tantas abnegadas que sacrifican la vida por los hijos, se olvidan de ellas mismas y lo más importante...de vivir. Siento y presiento que en su silenciosa mirada atrás, después de los años y rota de agotamiento, se pregunta y ahora qué?. Los hijos ya no están y el amor de pareja...nunca lo sintió, nunca hubo quién le diera lo que tanto merecía (menos mal que él se fue hace más de treinta años, verdad mama?...y te dejó cinco hijos que mantener y dos brazos para trabajar). Hoy... me gustaría tanto que se fuera habiéndose llevado tantas cosas buenas de la vida...quizás sea éste el verdadero motivo.
    Y en ese intento surge Parejasenior.es, una página parida desde lo más hondo de mí que surge de tantos pensamientos y reflexiones acumulados en mis más de cuarenta años de existencia por encontrar la manera de sentirla plena y feliz. Por ella va y por todos aquellos que buscan abandonar la soledad cuando aún cuentan con todas las herramientas para vivir y nadie con quien compartir....Un abrazo y gracias por permitir mi incursión en tu blog para poder darla a conocer.
    Te invito a hacerlo en www.parejasenior.es.
    Te agradecería mucho si pusieras un enlace, como así hemos hecho nosotros.
    Felicidades por tu blog.

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  4. Ha silo un placer leerte Vicente, Hace tiempo que no te visitaba , pero ha valido la pena hacerlo. me encanto.
    Felicidades,

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    1. Gracias, amiga. Tú estás llena de sorpresas cada vez que te veo en algún lugar. Creo que no llegaremos a ser viejos.
      Abrazos.

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  5. Me ha gustado mucho tu versión de los SURCOS que se van creando en la vida al lado de una pareja que se quiere.
    No ha subido el comentario anterior , espero que este suba, o quizás suban los dos.
    Un abrazo
    Leonor

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Agradezco tu comentario franco y cortés que me invita a las novedades de tu blog.