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23 de marzo de 2014

ZAPATOS ROJOS

¿Has visto un par de zapatos frustrados? Sí, frustrados, si tienes en cuenta que los zapatos son para calzarlos en nuestros pies y caminar con ellos llegando a nuestra oficina o taller, a la clase o al bar. Hay zapatos que viven una existencia oscura y dolida pues su destino no es pisar el asfalto de una calle sino permanecer dentro de un hermoso mueble especial, claro está para zapatos, pero como su dueña tiene 50, 80 o más de 100 pares es difícil ser elegido para ver "afuera" el otoño o la primavera, después de envolver los pies para llegar a un café y conversar, debajo de la mesa, con otro par de zapatos. Pero dejemos hasta acá estos análisis.



El caso que hace pocos días me encontré con un joven conocido cerca de un parque. "Aquí estoy con ganas no sólo de caminar sino de volar", me dice después de mi "¿cómo estás?" tan poco sensato y tan recurrido. Calzaba zapatos rojos. Hay mil colores de zapatillas como de zapatos femeninos pero zapatos rojos para varón es algo fuera de lo común en nuestra ciudad. Y fue más mi sorpresa cuando mi amigo me confesó desde su silla de ruedas -porque estoy hablando de una persona sin movilidad en sus piernas- que él posee 12 pares de zapatos. Con una voz que hice lo más natural posible para evitarle alguna molestia le pregunté: "¿Y por qué tantos zapatos?". "Pues porque los zapatos me recuerdan que debo mantener mi fe para seguir con la esperanza que pueda caminar un día y que mis zapatos se gasten disfrutando de la vida junto conmigo". Me dejó sorprendido. Sólo atiné a decirle: "Oye, amigo, me gustaría darte un abrazo". "Pues démelo", contestó.

Nos despedimos. Mis zapatos le desearon buena suerte a los suyos.

Vicente Corrotea A

Fotografía de la Colección de Google.

2 de marzo de 2014

CUESTA MORIRME

La verdad es que me cuesta morir. No, no. Me encuentro sano y ese es el problema. Ya pasé los 70 años  y me faltan sólo 7 mensualidades para terminar de pagar mi lugar en el cementerio o en los Parques del Recuerdo como son llamados. Son tan hermosos que da gusto morirse o dejar a alguien que ya no sopla. En eso ando por todos lados sin rosinantes ni escuderos. Y nada pasa.

Tengo ideas bien en el fondo de mí del porqué no muero todavía. Es por Lucía, sí, mi mujer. Echaré de menos la misma pregunta de todos los meses del porqué no alcanza el dinero. Aún no le cuento que quiero morirme pero si le contara me respondería "¡Cuál es el problema?". Y el problema no es porqué yo deseo la muerte sino qué cosa no me permite morir. Francamente me cuesta dejarla sola. ¿Con quién se enfadará? ¿Quién la encontrará hermosa y que se lo diga cada día? Creo que en su nuevo estado de viudez no faltará el que abra los ojos. Espero que no sea un vecino.















Un índice de que moriré pronto es que me fastidian las calles y cuadras con nombres de próceres o bomberos muertos en acción y otros desconocidos, además, con números en cada casa. Pareciera que hace siglos que nos preparamos para esta era digital. Pese a ello la gente inadvertida me desea "buen día tenga usted, don Vicente". Y más de alguno me abraza de verme vivo. Preferiría que me dijesen "Que se le nuble el día y pronto tenga una larga noche". Estaría más cerca de mis sentimientos.

Tengo un capricho: Antes de morir voy a pedir -no sé a quién- hacer el amor sobre una cama de agua pues nunca lo hice durante toda mi larga existencia, ya que siempre he confiado en mis naturales buenas artes más que en otras situaciones que alteren lo sagrado que pueda contener una relación de este tipo.

¿Estaré imaginando todo ésto? No tengo ni fiebre.
¿O estaré realmente muerto? Tal vez sí porque no salió ningún improperio de mi boca cuando el equipo se me reinició por tercera vez.

Me han dicho que después de la muerte (siendo más claro decir "después de la vida") se puede volver a dar una "vueltecita" por esta dimensión donde hay perritos y políticos satisfechos, poetas que son leídos por otros poetas, gente honesta y policías, curas que no le achuntan, palomas que ya no son castas y castas que no quieren mezclarse. Bueno, si puedo volver iré a ver a mis amigas web 2.0 que nunca pude conocer sino a través del ordenador. No se preocupen, sólo veré si usan pantuflas o calcetas hasta las rodillas en invierno, o si se mantienen con el pijama puesto durante el día. Si mi foto no sale oscura les enviaré la de mi nuevo perfil. Y no se imaginen nada más ya que mi vida fue muy sana y sobria.


Vicente Corrotea A.


Fotografía de la Colección de Google