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28 de noviembre de 2013

SOLO UNA PROPAGANDA


Armar mi biblioteca no es prioridad en los asuntos pendientes en nuestra casa. No son tantos mis libros pero los tengo hasta en el desván dentro de cajas, casi olvidados pues, además, tengo lecturas contemporáneas esperando que por lo menos las lea en el metro. Así, hurgando una caja con cuadernos con apuntes de clases, siendo alumno o profesor, en el fondo encontré un libro de cuyo vientre se deslizó hasta el suelo una tarjeta con una propaganda a una marca de helados, con una caricatura de una pareja que disfruta de la noche y de un helado. Todo simple y previsto para un verano... hasta aquí. La emoción, profunda emoción, fue leer en su reverso:



Soy muy feliz, te amo. Lucía


1° Enero 1976



Cierto es que no puedo decir mucho de mis sentimientos. Pienso y recuerdo a una mujer, a un cuerpo, a un corazón y un aroma, comenzando a vivir con ella la promesa de caminar juntos. Me había escrito: Te amo. Me elegía, me amaba -decía el mensaje- como yo la amaba a ella. Pero lo que más llegaba a mi interior era la primera frase: Soy muy feliz. Amar a una mujer con amor exclusivo y ser amado por ella es grande. Pero que en una acto de total transparencia te diga que es feliz contigo y lo refrende con su nombre, bueno, lo creo algo así como insólito y natural al mismo tiempo. Y nunca, nunca lo podrás olvidar.

Como yo tampoco.


Vicente Corrotea A.




13 de noviembre de 2013

KIKI

Como un ánima tranquila y humilde -de esas que cuidan las flores de los jardines y el sueños de las semillas- llegó un frío día de Julio. Vestía traje de peregrina con aromas de viento cordillerano. A nueva casa llegaba y nuevo nombre pensamos para ella, pero se optó por el que ya tiene tres años: Kiki se llama, Kiki seguirá llamándose.

En su anterior casa quedaba sola cada mañana al partir todos sus moradores. Alguien se encargaba de dejarle agua y alimento con un "hasta la noche Kiki". Tal vez el trabajo agotador y el breve tiempo para realizar mil labores en casa es que Kiki pasaba casi desapercibida al regreso de sus dueños. A veces sospechaba que no era importante como esos perritos que salían a pasear con su amo, pero ese era su mundo que agradecía aunque nadie limpiara sus lágrimas en su carita de perra poodle.

                                                                   Kiki cuando llegó

De porqué llegó ella a nuestra casa es otra historia que me ha pedido no cuente. Sólo diré que la trajo mi hijo. Llegó el 16 de Julio. Después de auscultarla un médico veterinario -quien nos informó de su buena salud y que aún era una señorita- programamos una visita a la peluquería. Fue el sábado siguiente y nos regimos por un ceremonial instituido por mi mujer y yo. En la peluquería otro de mayor rigor: Baño, corte de uñas, estudio de estilo para su corte de pelo, "Le llamaremos cuando esté lista" nos dicen a manera de despedida. Sentí su mirada en mi espalda al retirarnos. "Tan pronto me reciben; tan pronto me abandonan", debe haber pensado quedando con varios canes de tamaños y razas diferentes.

Después de estar esperando en nuestra casa corremos obedeciendo a un llamado telefónico. Nos damos cuenta que no hay razón para la emoción que sentimos. En el trayecto pienso que al formar mi familia con Lucía y los tres niños ya estaba todo completo. No sabía que faltaba Siroco, nuestro primer perrito, que con Olivia, hicieron  familia varias veces. Éramos felices con los cachorros que pronto regalábamos sólo a hogares donde recibirían cariño y respeto.

Cuando volvemos a la peluquería -muy recomendada por cierto- no encontré a Kiki. ¿Dónde estás Kiki? La experta asomó una sonrisa. Entonces apareció una perrita elegante y fina  envuelta en el pudor, orejas de nubes, su cola terminaba en un pompón y le cubría un delgado tul de rosas blancas.

                                                                   Kiki, ahora

Han pasado tres meses. Todos hemos cambiado pues notamos que deseamos llegar más pronto a casa para encontrarnos con unos grandes ojos como aceitunas de Azapa que dicen "no sabes cuánto te eché de menos", y así todos los problemas se esfuman y comienzas a darte cuenta que, en realidad, hay maravillas que celebrar. Y nos dice que su fortaleza -como la nuestra- es justamente su pequeñez y fragilidad. Porque nuestra adorable Kiki es tan frágil como una palabra, una esperanza o una promesa, y tan fuerte para creer en el amor que le damos y en el amor que nos devuelve.

                                                 Vicente Corrotea A.




11 de noviembre de 2013

LA PALABRA

Me preguntan cuál es esa palabra, mi palabra, que mueve mi existencia o, más aún, "por la que puedo dar mi vida si fuera necesario". Digo que probablemente tuve alguna pero ha quedado olvidada. O tal vez tenga alguna en el fondo inalcanzable de mi interior. No me entienden. Replican que es imposible que carezca de una palabra, que puede ser una virtud o una vileza, alguna palabra que para mí sea sustancialmente significativa. ¿Cómo no puedo recordar, por ejemplo, el nombre de una ciudad de mis vidas pasadas? Pero nada recordaba que sea tan especial.
¿Puede una palabra ser tan importante para dar la vida por ella? 

Por cierto, paseándome por la urbe descubro bandos o grupos de personas que visten ropas con los mismos colores, y se concentran de acuerdo a esos colores o gritos o gestos, algunos groseros, otros formales e inmutables. Una especie de dignidad en los grupos provoca que la ciudad se mantenga en constantes pleitos. El ardor por defender su palabra lleva lejos a que haya una tranquilidad duradera y consistente.

Los hombres y mujeres me ven como un extranjero sin pasaporte verbal, sin identificación. "¿Ya, pues, quién eres y cuál es tu palabra para ubicarte?" Me yergo sin miedo, como rodrigón. Ellos son muchos y debo gritar. "Mi palabra no es una, son muchas, son todas: Fraternidad, brisa, géneros, música, belleza, madre, golondrina, madrugada, resiliencia, poesía, cuerpo, felicidad, miscelánea, igualdad, diferencias, sensualidad, amor, libertad, vida y muerte...y muchas, muchas más".

Un hombre me grita "¡Eres un loco!". "Silencio -dice el que parece ser el jefe- Esta noche nos reuniremos con este hombre en el llano; Que no falte nadie". 



                              Vicente Corrotea A.