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31 de octubre de 2012

EL ESTUPRO DEL CARTERO (CUENTO)

Desde remotos tiempos existía un castigo para quien violara a una mujer: Si era casada o viuda se le amputaba un pie; Si la mujer era virgen se le amputaban ambos pies. Ello había contribuído a que se comenzara a respetar la dignidad de la mujer en el reino y, a su vez, el reino fue mayormente respetado por los dominios vecinos.
Hacía mucho tiempo que no se producía algún delito como el referido, por lo que los habitantes del reino ni siquiera conocían tan dramática pena. Hasta que una vez el cartero, realizando sus labores, pasó por una casa desde la cual salía el aroma del pan recién hecho. El hombre solicitó el obsequio de un pan, que era una tortilla, y la adolescente que lo atendió se la regaló. Cuando supo que los padres de la niña estaban en sus campos trabajando unos cueros, se le nubló la mente deseando a la muchacha a la cual forzó y violó. Dos soldados detuvieron al cartero en su casa, donde vivía solo, desconociendo el castigo al que lo someterían. Lo encerraron en un calabozo por tres días. Ahora todo el mundo conocía lo que el cartero había cometido y el castigo que le esperaba.
Al día tercero los súbditos se encontraban en la Plaza del Castigo para presenciar cómo el hacha cortaría primero un tobillo y después el otro. También ya se sabía que la transgresión se consideraba tan cruel que ni el rey podía revocar el castigo. Sólo un familiar directo de la humillada podía solicitar el perdón, y se tiene memoria que nunca había sucedido.


El gran portavoz del reino hizo callar a la multitud levantando los brazos denunciando el delito en el que había incurrido el cartero, hombre de confianza del rey y de todo el pueblo, y el castigo que estaba a punto de recibir: La amputación de sus pies. E hizo la pregunta de la que todos sabían era sólo una formalidad:"¿Hay algún familiar directo de la muchacha afectada que perdone a este violador y de esta manera no sufra el rigor del castigo?". Se produjo un silencio absoluto. El portavoz ya hinchaba sus pulmones para gritar la sentencia cuando entre la multitud se escucha una voz nerviosa. "Yo lo perdono". Era el padre de la niña violada y que su oficio en el reino era el de ser fabricante de zapatos.

Vicente


Fotografìa de la colección de Google

1 comentario:

  1. ¿Lo perdonó por ser fabricante de zapatos o por qué era una pena demasiado brutal?
    Muy buena y ocurrente la historia.

    Un saludo

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Agradezco tu comentario franco y cortés que me invita a las novedades de tu blog.