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21 de noviembre de 2011

DRAMA EN MI BUS

Nunca pensé que arriba de un bus podría pasarme algo parecido (de esos buses que terminan por dejarte cerca de tu destino después de salir del metro y en donde mucha gente ya se conoce). Solicito bajarme en la próxima parada cuando el conductor con una fina ironía me dice: ¿A quién le lleva flores el caballero?. En vez de irme sin atender le respondo: A mi mujer. Y replica: Yo no necesito llevar flores a mi señora. Eso es cierto -digo- usted no pero ella si le gustaría recibir un ramo de cuando en cuando. Como había experimentado alguna molestia le doy una estocada sucia y añado para irme: Tengo el presentimiento que usted no es feliz como marido ni tampoco su señora. De un salto abandono el bus.

Cuando estoy a unos veinte metros del bus un muchacho me grita: Señor, señor, el chofer lo llama. Al acercarme alcanzo escucharle: Por favor, señores pasajeros, denme unos minutos. Dándole golpes al manubrio me mira enrojecido. Si, es cierto. Siento que mi mujer no es feliz conmigo. Me digo que este no es mi asunto empero lo observo y aspiro el aire que me falta. El hombre casi llorando me emociona. Sólo atino a decirle: Haga ésto, mostrándole mis flores. A la noche llévele un ramo de flores, aunque sus compañeros se burlen como usted lo hizo conmigo. Después de algunos días puede obsequiarle chocolates o lo que le guste. La gente del bus guarda total silencio tal vez porque están viendo un drama real, de tal modo que continúo diciéndole: Ah, y cuando estén de aniversario o ella de cumpleaños o cuando el corazón de ella y el suyo quieran un encuentro especial jamás olvide su regalo, que puede ser la limpieza de su jardín y mejor si la invita a comer a un buen restorán. Pero, cuidado, a la mujer no se la compra con regalos; Sólo puede ser un buen comienzo y una sana costumbre.

Me despido con un apretón de manos. Al salir del bus me da la impresión que lo hago desde un escenario, incluso alcanzo oir unos aplausos que son adjudicables a un hombre sencillo que se detuvo en mitad de la vía, o de la vida, prometiéndose hacerla más hermosa para la mujer que ama.

Vicente

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