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15 de junio de 2011

EL CARTERO

Siendo adolescente tuve una noviecita que después de un par de años volvió a su país con sus padres. Durante un tiempo nuestras cartas iban y venían cada semana. En aquella época en mi pueblo todos se conocían y se saludaban. Y podría afirmar que todas las personas eran importantes pues cada una cumplía un misión que le distinguía, como la del cartero que en su vieja bicicleta repartía las cartas que traían noticias de partes lejanas. Ha llegado carta, decía alegre en las puertas y parecía feliz de ser mensajero y traernos augurios de alguna divinidad.  En mi caso, la diosa que velaba por la frecuencia semanal de nuestra correspondencia debe haber tenido un exceso de trabajo, pues pasado unos meses se fue espaciando cada vez mas. Hasta que sólo para los cumpleaños nos enviábamos un saludo el que ameritaba una respuesta. Para mí era el mejor regalo abrir un sobre y sentir el aroma de un perfume en cada esquela que rozaba las cuerdas de una guitarra que se oponía al olvido.



No voy a exclamar eso de que todo tiempo pasado fue mejor, sin embargo, debo reconocer que mi pueblo se convirtió en ciudad y que no lo visito hace mucho tiempo. Y que el cartero del sector donde vivo pasa en su moderna bicicleta bien equipada y el con una polera roja que lleva el logotipo de su empresa Correos Chile. No trae cartas con noticias de amores o de salud de alguien ni trámites de herencias. Es un invasor que nos avergüenza con sobres conteniendo boletas de consumo de ésto y aquello. A lo más algún sobre tamaño carta de un banco desconocido para mí -que ignoro cómo me conoce- ofreciéndome un préstamo pagadero en 48 meses con 50% de interés. ¡Qué bondad! ¡El cartero, ese irremediable y odioso hombrecillo, no demuestra tener remordimientos de ser una pieza vital en este sistema mercantilista!... Mi perro y yo lo hemos castigado: el Raco no lo deja acercarse a la reja del antejardín y yo no le recibo las cartas personalmente. He pensado en matarlo pero no valdría la pena tanta molestia, pues al día siguiente llegaría otro de esos  legionarios a reemplazarlo en su enconada labor de perturbar la paz familiar y hasta nuestra dignidad. Además, el cartero asesinado (diría ajusticiado) se convertiría en un héroe por dar su vida en el cumplimiento del deber.

Mientras tanto debo continuar recogiendo las cartas de entre los geranios, las hortensias y cactus.

2 comentarios:

  1. La culpa no es del mensajero.Es el sistema que nos va envolviendo en las nuevas tecnologías y esto, casi sin darnos cuenta, nos deshumaniza. Nos han ido acostumbrando a las comodidades( y nosotros también somos culpables) que nos iban dando como una chupaleta a los niños, y esto tiene un precio. El aislamiento. Estamos cómodos en casa mandándo saludos a los hijos desde nuestro ordenador, contactándo a través del Skipe, enviándo una invitación a nuestro mejor amigo a través del messenger,etc. etc.. Y perdemos en este camino las caricias, los roces, las charlas con café de por medio, un paseo,etc, etc,-

    Vicente al menos tú tiene un jardín, con hortencias y geranios, no lo reemplaces nunca por flores de plástico y no cambies tú manera tan especial de ver la vida.

    Y un consejo si me lo permites: no mates al mensajero, tal vez a él también le gustaría recibir alguna carta.
    A lo mejor le gustaría leer algo tuyo-
    Un abrazo y mil disculpas por mis retrasos en los comentarios. Pero te leo siempre.
    Estoy ocupadísima y muy nerviosa por que en breve me publicarán algunos textos míos en una Antología de poetas Argentinos en el exilio.¡Aún no me lo puedo creer.Siento miedo escénico.
    Yo siempre digo que escribo, pero nunca me he sentido escritora.
    Por respeto a los que sí lo son.

    Bueno este comentario un poquito extenso es por que hoy he tenido ganas de charlar contigo, tal como nos pasa en la vida real. A veces necesitas a alguien en especial para charlar y no sabes el porqué .Tal vez sean sólo una llamada de eso que se llama empatía-
    Un gran abrazo-

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  2. Querida Beatriz: Claro que sí: No dejaré que ni en mi jardín (que ahora está en remodelación) ni en mi vida (que se ha tornado muy simple) haya flores artificiales ni artificiosas.
    He salido a darle un saludo a mi cartero. Tienes razón, no es tan malo.
    Cuando por acá hablamos de personas en el exilio pensamos en aquellos que han sido expulsados en tiempo de la dictadura militar. No te imagino en ese grupo. Pero lo que vale efectivamente es que estés en esa antología que me hablas. Si llega por estos lados la buscaré de todas maneras aunque no tenga tu dedicatoria.
    Agradezco tu maravilloso tiempo para tu comentario.
    Abrazos.

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Agradezco tu comentario franco y cortés que me invita a las novedades de tu blog.