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1 de diciembre de 2011

LOS CAMBIOS



 Quisiera compartir algunas ideas con un tema que cruza otros expresados en este blog. Me refiero a los cambios, esos que, alguna vez, nos han asustados o incomodados pensando que sólo ahora, en nuestra época, se presentan. En realidad, desde el bigbang, el universo es movimiento, cambio sin cesar, sin pausa. Hay millones de galaxias y planetas, muchísimos ya no existen. Es decir, todo nace, crece y muere en este ciclo vital, siendo la muerte parte de la vida.
La situación nuestra es que hemos llegado a una parte de la vida como adultos mayores -los que lo somos- que nos hace más susceptibles a lo que nos pasará proximamente. Y nos preocupan las enfermedades que tenemos o las que pueden sobrevenir, y los dolores, nuestras limitaciones, nuestro carácter, etc. Tal vez te sientas de repente agobiado (a) por la muerte o por lo vendría después de ella.
Así nos damos cuenta que los cambios no transitan por nuestras calles sino pasan por nuestros brazos y piernas, por el cerebro y el corazón. Te das cuenta, entonces, que todo es cambio y que nosotros somos también cambio. Y si te paras pensando que la vida era mejor antes que ahora te puedes convertir en una estatua de sal y los cambios pasarán por tu lado como un torbellino que te tire al suelo. Ah, pero es muy importante que todo lo dicho más arriba no significa que yo renuncie o que tú renuncies a lo bueno que hemos atesorado en la vida: ideas, hábitos, sueños, experiencias, tal como el cosmos y la naturaleza los han ido guardando para regarlárnoslas.


Y ahí está el secreto de una buena vida: saber regalar (no vender) el tesoro de personas que somos sin desestimar los cambios que se producen a nuestro alrededor, pues al final de todo lo único permanente en las estrellas, en el mundo y en nosotros son los cambios. Ayer pasó raudo. Aprovecha el día de hoy y regala el encanto de tu mirada, abraza con ganas y alegría. Sólo hoy vale, sólo hoy vales tú. Sólo hoy escribo estas líneas para tí, pues a la distancia te guardo un especial afecto.


Fotografía recogida de Google.

29 de noviembre de 2011

NUESTRO ANGEL

Fue un día de nuestro tiempo, con años de cuatro estaciones, con niños jugando en las plazas y adultos pretendiendo tener la solución de los problemas en conversaciones a la hora de la tarde, cuando el día refrescaba. Un día de Mayo, hace muchos años según nuestro calendario, Dios titubió en el manejo de sus planes, en su energía creadora. Mirando a nuestro hogar Dios pensaba que algo le faltaba a nuestra familia. ¿Será un ángel o un perrito? Se preguntaba Dios (con duda divina por supuesto).

Nosotros habíamos recibido a nuestro último hijo -Pablo Igor- después de las dos niñas, por tanto la familia estaba completa, lo que agradecíamos con sincero corazón. Pero Dios sabe lo que nos falta y lo que nos sobra. Definitivamente nos envió un perrito de pelaje suave como una nube y dulce como la miel. Al tocarlo y olerlo tenía ese típico aroma de ángel, bueno eso decían mis hijos aún pequeños, y daban ganas de retenerlo más tiempo de lo que el deseaba para irse a volar, digo correr.

En realidad él fue siempre nuestro ángel.


Cuando surgía alguna discusión algo acalorada -tú sabes, por asuntos económicos o la limpieza- aparecía justo en medio de todos y con sus ojitos medios cubiertos de pelitos preguntaba ¿cuál es el problema? y se convertía en el sol de la casa. O cuando yo llegaba a casa con la terrible jaqueca que sufría cada dos o tres meses nuestro perrito ya no celebraba mi llegada con saltos y ladridos sino que se adelantaba y se echaba silencioso al lado de mi cama, pues sabía que lo mejor que debía hacer era recostarme en mi habitación oscurecida y sin ruidos.

Nuestro perrito se llamó Siroco que significa viento.

Hace algunos años murió de viejito. Sin embargo, hace un par de semanas, cuando estaba toda la familia en casa, alguien se acordó de Siroco y nadie dejó de acordarse de alguna travesura de la larga vida de nuestro primer perrito. De repente todos quedamos mudos por un ratito; Es que aún nos da pena que se haya ido y lo echamos de menos.

Siroco vivió como un ángel. Murió como un perrito.

21 de noviembre de 2011

DRAMA EN MI BUS

Nunca pensé que arriba de un bus podría pasarme algo parecido (de esos buses que terminan por dejarte cerca de tu destino después de salir del metro y en donde mucha gente ya se conoce). Solicito bajarme en la próxima parada cuando el conductor con una fina ironía me dice: ¿A quién le lleva flores el caballero?. En vez de irme sin atender le respondo: A mi mujer. Y replica: Yo no necesito llevar flores a mi señora. Eso es cierto -digo- usted no pero ella si le gustaría recibir un ramo de cuando en cuando. Como había experimentado alguna molestia le doy una estocada sucia y añado para irme: Tengo el presentimiento que usted no es feliz como marido ni tampoco su señora. De un salto abandono el bus.

Cuando estoy a unos veinte metros del bus un muchacho me grita: Señor, señor, el chofer lo llama. Al acercarme alcanzo escucharle: Por favor, señores pasajeros, denme unos minutos. Dándole golpes al manubrio me mira enrojecido. Si, es cierto. Siento que mi mujer no es feliz conmigo. Me digo que este no es mi asunto empero lo observo y aspiro el aire que me falta. El hombre casi llorando me emociona. Sólo atino a decirle: Haga ésto, mostrándole mis flores. A la noche llévele un ramo de flores, aunque sus compañeros se burlen como usted lo hizo conmigo. Después de algunos días puede obsequiarle chocolates o lo que le guste. La gente del bus guarda total silencio tal vez porque están viendo un drama real, de tal modo que continúo diciéndole: Ah, y cuando estén de aniversario o ella de cumpleaños o cuando el corazón de ella y el suyo quieran un encuentro especial jamás olvide su regalo, que puede ser la limpieza de su jardín y mejor si la invita a comer a un buen restorán. Pero, cuidado, a la mujer no se la compra con regalos; Sólo puede ser un buen comienzo y una sana costumbre.

Me despido con un apretón de manos. Al salir del bus me da la impresión que lo hago desde un escenario, incluso alcanzo oir unos aplausos que son adjudicables a un hombre sencillo que se detuvo en mitad de la vía, o de la vida, prometiéndose hacerla más hermosa para la mujer que ama.

Vicente

28 de octubre de 2011

UN CUENTO PARA MI NIETO EN SU 6º CUMPLEAÑOS

Una nube muy hermosa retozaba sobre una ciudad rodeada de bosques por un lado y de verdosas colinas por donde aparecía el sol. Gustaba de ver a los niños que después de asistir a clases jugaban en los parques de juegos infantiles. Más tarde, cuando llegaban los papás, nuestra nube apreciaba desde las alturas los tiernos abrazos familiares.
Cierta mañana el viento se encontró con la hermosa nube y le dijo: Hola nubecita. ¿No quieres dar una vuelta por el mundo?. No, estoy bien en este lugar hermoso, le respondió la nube. El viento, que nunca se rinde, le replicó: Tienes razón. Lo que no sabes es que en otras partes existen lugares más hermosos aún. A la nube le agradó la cordialidad del viento y llena de confianza abandonó su lugar pues era cierto que no conocía el resto del planeta. Siempre acompañada del viento la nube viajó por mares y continentes, por ríos y lagos, por las ciudades y selvas más grandes que podía imaginarse. Desde las alturas comenzó a distinguir que había diferencias entre unas regiones y otras. Unas eran limpias y opulentas, otras muy pobres, de casas pequeñas y endebles.
En un atardecer el viento se disculpó diciendo a la nube que lo llamaban urgentemente desde el Sur y tenía que dejarla. Espera acá mismo que yo regrese en unas dos semanas. Por favor, no te vayas. Ya era de noche y la nube no sabía sobre qué lugar de la tierra estaba pues las oscuridad y la altura no le permitían ver. Cuando fue amaneciendo fue viendo con dolor a unos niños  hurgando en los basurales. A medida que el sol inundaba al pueblo algunos hombres partían a sus labores pero la mayoría se paseaba por las calles conversando, discutiendo y hasta peleando. Algunas mujeres con sus hijos iban al borde del pueblo por donde pasaba un riachuelo, mas bien un canal. Al pueblo le faltaba el agua y los niños enfermaban desaseados. Los árboles y todo lo verde ya no existía. Entonces fue que la nube sintió tanta pena que algunas lágrimas cayeron a las calles alborotando de alegría a sus habitantes. Entonces se preguntó para qué vive una nube. Respondió en su corazón: Una nube existe para dar sombra y belleza. Y también alegrías. No puede haber un pueblo triste bajo una nube. Con dolor de dejar de ser nube fueron cayendo sus lágrimas cubriendo las calles y techos, y la laguna donde conservaban el agua,  reverdeciendo los patios y plazas.
Mientras tanto el viento buscaba a la nube sin encontrarla hasta darse cuenta que se había sacrificado por un pueblo abandonado. Nubecita, le diré al sol que te abrigue y puedas volver a viajar conmigo, dijo el viento preocupado por la nube. No, no me iré pues puedo amar y acariciar a los niños y a todos los habitantes.
Y así fue que las nubes desde entonces son más felices cuando se convierten en lluvia en los inviernos.

Caricatura de Google

24 de octubre de 2011

ESA NOCHE

Me sentía como aquellos ángeles de las pinturas antiguas que los ubicaban de lado para evitar ver toda la realidad, como yo en esta cama. Estaba detrás de mí, perfumada y lozana, esforzándose de que sus manos estuviesen temperadas. Cualquier hombre podría sentirse honrado -aunque la situación tal vez no lo fuera- de relacionarse con una mujer saludablemente atractiva. Pero me sentía estúpido de que tal vez estuviese pensando demasiado o porque efectivamente lo era.


A Selina la conozco hace algún tiempo en la oficina.  Si tiene que hablar de sí lo hace con las palabras necesarias. Es capaz de no sonreir si no tiene que hacerlo. Cuando se formalizó la salida me molestó reconocer que no recordaba de quién había sido la iniciativa. Pero, en fin, ya estoy aquí con ella sintiendo que sus manos empiezan su peregrinaje por mi cuerpo. Es como una lección avanzada de piano que no había escuchado... Y otra vez no había tomado la iniciativa. ¡Qué diablos! Después de todo olvidaría a Selina y este cuarto limpio pero ordenado con pésimo gusto. Mañana partiría temprano para visitar a mis clientes y escuchar de algunos sus pláticas innecesarias. Una sombra espesa, un aroma de cuerpo de mujer me cubría todo mi cuerpo como una mortaja. Podría dejar este rito hasta acá pero solo empezábamos. No, eso no. Creo que mi frustración que no entendía y mi rabia me hicieron más drástico y fuerte cuando un mísero destello de la luz de la lámpara del velador alumbró por unos segundos los pechos que pendían como dos planetas hermanos. El tiempo fue absuelto por el tiempo. Quise preguntarle la hora pero seguro que su reloj le hubiera mentido.

Cuando mi compañera de oficina fue al baño apagué la luz del velador más cercano. De lejos venía una canción cuya letra no entendía. Cubierto parcialmente por la sábana, sentí que corría una férvida lágrima anunciándome otra vez que mañana celebraría con mi mujer y mis tres hijos y amigos, y con la familia de mis hermanos el aniversario 21 de mi matrimonio.

Fotografía de Don MacCrae

12 de octubre de 2011

ULTIMA ESTACION (CUENTO)

Salga, dice una voz perentoria que escucho cerca de mi espalda. Le digo que salga y no se haga el tonto. Yo estoy frente a una de las puertas del vagón del metro y mucha gente quiere salir de prisa como es mi caso. Es la última estación y todos debemos abandonar el metro. ¿Va a salir o no? Frente al cristal de la puerta acomodé mi chaqueta. Mientras pasan los rápidos segundos me pongo a pensar en mi esposa; Había fallecido hacía cuatro meses y nueve días. Ella jamás habría gritado como grita esa mujer. Sí, lo único que sé es que los gritos provienen de alguien que debe necesitar ayuda. Siento un empujón que me da contra el vidrio. Suele ocurrir por la ansiedad por lo que no reclamo a nadie. Oiga, ¿no se va a retirar?. Ese es mi lugar. Esta vez el grito lo siento sobre mi hombro, y el lugar sólo me importa para salir disparado lo que me parece adsurdo que alguien me lo pida y en la forma que lo hace. Los que están detrás de mí se apartan bruscamente y recién puedo observar a la mujer, relativamente baja de estatura. No me mira pues tiene su mirada en el espacio. De repente los otros pasajeros me hacen señas como tratando de decirme algo. La mujer lleva un cuchillo cocinero en mano derecha. Yo les devuelvo la mirada para decirles porqué no le quitan el arma si están detrás de ella. Nadie de atreve. Entonces pienso en mi esposa fallecida y me veo muriendo sin dolor, sin miedo. Y me vuelvo hacia la puerta. Después de unos segundos los gritos de los pasajeros me dejan aturdido. ¿Estaré con el arma en mis costillas? No siento nada. Atino a mirar hacia atrás y veo a la mujer tirada en el suelo desangrándose. Se había metido el cuchillo por su vientre hacia arriba. Lo sé porque en una reacción institiva quise extraerle el arma para salvarla. Murió a los pocos minutos.

Tengo frío. Mi abogado me dice otra vez que el caso es difícil; Que el juez asegura que pude haber ayudado realmente a la mujer en el metro. Estoy seguro que si mi esposa estuviese viva ya estaría fuera de esta celda donde no sé porqué he llegado.


10 de octubre de 2011

EL FUTURO


"La verdadera generosidad con el porvenir
consiste darle todo en el presente"
Albert  Camus
     
Fotografía de Ruud Albers

12 de septiembre de 2011

LEER LA VIDA




La existencia
es a veces una carga
o puede ser mágica y feliz.
Depende de nosotros mismos
y de cómo leamos los acontecimientos.

15 de agosto de 2011

MIS OJOS



Mis ojos han esperado con tanta esperanza
verte alguna tarde
y mis manos que modelen una larga caricia
por tu cuerpo,
mientras llega la noche...

Fotografía de Didi Baev.

4 de agosto de 2011

LOS DOS LOBOS

  
Probablemente ya conozcas la siguiente historia, pero es bueno pasarla por el corazón más que por la memoria.


                                                                            
Un viejo cherokee le dijo a su nieto:
"Hijo mío, hay una batalla entre dos lobos dentro de nosotros: Uno es malvado. Es ira, celos, codicia, resentimiento, inferioridad, mentira y ego. El otro es bueno. Es alegría, paz, amor, esperanza, humildad, amabilidad, empatía y verdad"
El niño pensó en las palabras del anciano y le preguntó:
"Abuelo, ¿Cuál de los dos lobos gana?"
El viejo le respondió con tranquilidad:
"El que tú alimentes".                                                                        

Fotografía de Google

15 de junio de 2011

EL CARTERO

Siendo adolescente tuve una noviecita que después de un par de años volvió a su país con sus padres. Durante un tiempo nuestras cartas iban y venían cada semana. En aquella época en mi pueblo todos se conocían y se saludaban. Y podría afirmar que todas las personas eran importantes pues cada una cumplía un misión que le distinguía, como la del cartero que en su vieja bicicleta repartía las cartas que traían noticias de partes lejanas. Ha llegado carta, decía alegre en las puertas y parecía feliz de ser mensajero y traernos augurios de alguna divinidad.  En mi caso, la diosa que velaba por la frecuencia semanal de nuestra correspondencia debe haber tenido un exceso de trabajo, pues pasado unos meses se fue espaciando cada vez mas. Hasta que sólo para los cumpleaños nos enviábamos un saludo el que ameritaba una respuesta. Para mí era el mejor regalo abrir un sobre y sentir el aroma de un perfume en cada esquela que rozaba las cuerdas de una guitarra que se oponía al olvido.



No voy a exclamar eso de que todo tiempo pasado fue mejor, sin embargo, debo reconocer que mi pueblo se convirtió en ciudad y que no lo visito hace mucho tiempo. Y que el cartero del sector donde vivo pasa en su moderna bicicleta bien equipada y el con una polera roja que lleva el logotipo de su empresa Correos Chile. No trae cartas con noticias de amores o de salud de alguien ni trámites de herencias. Es un invasor que nos avergüenza con sobres conteniendo boletas de consumo de ésto y aquello. A lo más algún sobre tamaño carta de un banco desconocido para mí -que ignoro cómo me conoce- ofreciéndome un préstamo pagadero en 48 meses con 50% de interés. ¡Qué bondad! ¡El cartero, ese irremediable y odioso hombrecillo, no demuestra tener remordimientos de ser una pieza vital en este sistema mercantilista!... Mi perro y yo lo hemos castigado: el Raco no lo deja acercarse a la reja del antejardín y yo no le recibo las cartas personalmente. He pensado en matarlo pero no valdría la pena tanta molestia, pues al día siguiente llegaría otro de esos  legionarios a reemplazarlo en su enconada labor de perturbar la paz familiar y hasta nuestra dignidad. Además, el cartero asesinado (diría ajusticiado) se convertiría en un héroe por dar su vida en el cumplimiento del deber.

Mientras tanto debo continuar recogiendo las cartas de entre los geranios, las hortensias y cactus.

25 de abril de 2011

LIBROS Y BLOGS

Antes de tomar un libro mi madre me instaba a lavarme las manos lo que, con el tiempo, esta simple operación se convirtió en un hábito y de allí, entre páginas y páginas, en un ritual unido a motivaciones que me predispusieron a sentir un cierto fervor el encuentro de un libro elegido. Más aún, sufro la pretensión de pensarme un poco brujo cuando, apretando el nuevo libro en mis manos, me imagino al autor o autora en su goce o sufrimiento en el proceso de escribir, mientras vive sus amores, sus inviernos, su soledad y agotamiento. En cierta medida -y más si es un poeta- me declaro parte de su creación por mi oficio de lector, por lo tanto, de sus delirios, satisfacciones, enojos... Siendo niño recuerdo haber leído un libro en donde se mencionaba la existencia de siete cielos y siete infiernos. Argumentaba que los primeros eran para los justos y los segundos para aquellos impíos que habían faltado especialmente en algún pecado capital. El asunto es que de los infiernos recuerdo a dos: el clásico con brasas y fuego y otro que consistía en inmensa cloaca tan repugnante como la descripción pormenorizada que en mi edad me produjo tal desconcierto que no tuve un buen sueño por varias semanas. Hoy día sería extraño leerlo como el camino que he efectuado -como todos- desde esos años de niños hasta ahora con tantos miles de encuentros, descubrimientos y decepciones, y cuando he llegado a traducir mi experiencia de fe a través del lenguaje teónomo. En ese tiempo, en el colegio se hablaba de una labor que se denominaba pasar en limpio que simplemente consistía en escribir ordenadamente en cuadernos determinados ciertas materias que habían sido anotadas con la rapidez de las ideas o de la exposición del profesor. Así los blogs que leo asiduamente me producen esa sensación de leer trabajos en limpio o sea terminados, florecidos, madurados.



Si tuviera que resumir diría que los libros son como vadear un río   colmado o plácido mientras que los blogs son la lluvia que empapa la tierra reflejando a las nubes, los esfuerzos y los sueños.

12 de abril de 2011

MI HOMBRE ARAÑA

Mi nieto de cinco años me dice que desea ser como el Hombre Araña, del cual guardo distancia y él lo sabe. Añade que no le gustaría ser un pájaro ni manejar un avión porque lo alejaría demasiado de su abuelo. Entonces siento que un grupo de mariposas se posa en mi corazón.
Con una pedagogía algo perversa, insisto que si quiere ser Hombre Araña es para ir saltando de un edificio a otro mirando automóviles en el día y luces por la noche. Sí, eso me gusta -dice Renato- pero me gusta más ayudar, como él lo hace, a las personas que necesitan ayuda.
Ahora mi corazón, rebalsado de emociones, da otro vuelco. Es que mi nieto no sólo demuestra su amor a sus abuelos sino además le descubro su esbozo de solidaridad.
Le hago la última pregunta: ¿A qué hora comienza la serie del Hombre Araña?. Y me da un gran abrazo.

10 de marzo de 2011

MIS INVIERNOS

Un tren oxidado me lleva de vuelta a mi niñez de inviernos con lluvias que caen sin descanso, empapando la faz de la tierra. Absorto, mi corazón es una isla. Mi madre, como fantasma, aparece para decirme que está listo el almuerzo o que es hora de dormir. Casi siempre veo a mi madre fundida en el aire acerado de los días largos y fríos. Ella no estuvo en la fiesta de aniversario del colegio cuando a los 11 o 12 años dije mi primer discurso ante un gran público pegándoseme la lengua en la palabra dichoso. ¿Por qué no me regañó cuando volví una tarde del colegio con la ropa y el corazón rotos tras una pelea con un compañero atizada por los más grandes? Tampoco pude confiarle mi primer semen que había sido como una lluvia cálida y desconocida que desbordaba su caudal.

Mi niñez, empapada de emociones, tiene sólo la compañía de los libros. Siento que la falta de mi madre, dedicada a mis hermanos menores, lo que me lleva a irme construyendo una voluntad tenaz y ordenada pero en una soledad tan grande como el silencio.

El agua de mis inviernos de niño acumulada en mis bolsillos me ha ayudado en las abluciones de mis ojos para mantenerlos más claros. Y lo agradezco.

5 de enero de 2011

EL CARRITO DE COMPRAS

Había ido a la feria de verduras frescas, cercana a la casa de su abuela que vivía sola. Si bien la amaba y le gustaba complacerla, le humillaba arrastrar un carro de compras por las calles. Sentía que aquello era como un residuo de formalidad que le molestaba.

Entre el gentío divisó a una mujer de unos 28 años acompañada de otra mayor que le llamó la atención. Y cómo no: ¡Era la persona que menos esperaba le viera en esas condiciones! Hacía unos 8 meses que había sido contratada por su empresa en el departamento de informática. Ahora, en esa mañana de sábado, la eludía entre las personas que compraban. Después de lograrlo empezó a preguntarse porqué había actuado de ese modo. Casi no lo entendía. Alonso era de esas personas que sabían darle un trato agradable a las mujeres pero no se enamoraba fácilmente. Sin embargo, ante Elisa -así se llamaba la nueva compañera- el asunto era diferente porque ella era diferente.

Terminaba sus compras con el carrito lleno esperando que Elisa hubiese abandonado el recinto de la feria. Descubría que ella era realmente especial y que no había sabido hasta ahora cómo hacerle una invitación pese a su natural tino. ¿Tendrá novio? Casada no estaba porque ya lo había investigado. En su interior pensó que era un estúpido. Cuando se rehabilitaba diciéndose que el lunes hablaría con ella, escuchó como un sonido de trompeta: ¡Hola, Alonso! ¡Qué lindo es verte por acá! Con cara de sorprendido, porque lo estaba, replicó: ¡Hola, Elisa! Sí, he comprado para mi abuela que vive cerca. El sonríe a la señora que acompaña a su amiga. Te presento a mi madre. Saludos. Oye, delante de mi mamá quiero que me invites en estos días a un café o un helado de damasco. ¿Sí? Saluda a tu abuela. Después de la despedida el carrito de compras de Alonso empezó a bajar de peso hasta que llegó volando a casa de su abuela para contarle su historia.