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5 de agosto de 2010

COMPADRE, PONGA ATENCION

Después de mi trabajo pasé a comprar algunos cuadernos que suelo devorar en poco tiempo. Ya en el bus de regreso veníamos con el natural cansancio de la jornada terminada y  el deseo de ver pronto a la familia cuando sube un muchacho, cansado también, para ofrecer unas galletas chocolatadas. Su arenga poco convincente denotaba que presumía que su venta dentro del bus no iba a ser buena. Me doy cuenta que cercano a mi asiento venía otro joven, como él, que murmuraba cada vez que exponía su mercancía. Al pasar por su lado aborda al vendedor de galletas y le habla con un tono de cierta autoridad: Compadre, ponga atención. Cuando quiera ofrecer o vender algo se necesita que esté convencido de que lo que vende es rico y que a usted mismo le gusta, y que hará feliz a quien lo compre. Dígalo con ganas. ¿Está cansado? La gente a esta hora también lo está. Hágame caso y le va a cambiar la vida.
Descubro que este episodio es una gran lección de vida. No quiero añadirle nada más. Mañana voy a vivir con más entusiasmo.

1 comentario:

  1. Se nota un cierto cansancio en las cosas que hacemos.Quizá por la repetición de los días y los trabajos.No nos paramos a pensar si realmente creemos o no en lo que hacemos ni por qué lo hacemos.
    Excelente observación.
    Un cordial saludo.

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Agradezco tu comentario franco y cortés que me invita a las novedades de tu blog.