Seguidores

23 de julio de 2010

EXILIOS Y FRONTERAS

Olía a cocina a leña y a cenizas tibias una vez por semana en mi tierno pueblo de provincia. Olía a libros viejos en mi niñez lejana. Al llegar, años más tarde, a la ciudad de los grandes espacios y de las anchas avenidas, tuve silencios de exilios y de combates. Pasó otro tiempo y los ojos de ella iluminaron el camino a mi patria que ya no fue sólo mía sino de ambos cuando compusimos el himno a nuestro hogar dulce de primaveras. Nuestro casa era un lugar propiciatorio para agradecer la cercanía de mi mujer, su calor y su sonrisa.  


Pero después de embarazos, niños, colegios y fiestas de cumpleaños algunas sombras empezaron a rodear la casa. Una frontera cierta y fría nos fue separando paulatinamente. Fue un invierno muy largo y la marcha de dos o de cinco que éramos no tuvo un destino común.


No sé si fue el viento Raco, paseando por cerros y quebradas  o alguna paloma embajadora es que se fueron disipando las fronteras y los temores. Los aromos se fueron vistiendo de copos de oro y los cactus afanosos buscaban el sol.
 

Hoy un niño intransigente corre por la patria abierta como granada, contraviniendo los reglamentos domésticos. Sin embargo, nos doblegamos a su imprevisión e infantil ingeniería, como la mejor bandera de una patria que estuvo herida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Agradezco tu comentario franco y cortés que me invita a las novedades de tu blog.