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30 de julio de 2016

¿QUE BUSCO?

Desde que aprendí a juntar letras y disfrutar de lo que ellas significan, me he preguntado con la inteligencia que cada época me ha dado: ¿Qué busco?. ¿Busco la armonía, la belleza, la osadía, la serenidad, la honradez, la alegría, la comprensión, la poesía?. ¿Todo ello junto?. ¿O tal vez la eternidad?. 


Si bien es cierto es que tengo mis sueños y mis proyectos, algunos íntimos, en mi búsqueda tengo claro que no debo congraciarme de algún modo con dominadores, sean poderosos o más pequeños, dueños o influyentes de buena parte del planeta y herederos -como dicen- del cielo prometido. Alguna vez encontré en las leyes la tranquilidad creyendo que eran igualitarias para todos pero descubrí en ellos, los de arriba, que eran los acreedores de exenciones por el sólo hecho de poseer el poder de conspirar en contra de esta casa llamada planeta, y que muchas leyes estaban confeccionadas para ellos como trajes a la medida y en delicada tela.


Probablemente para saber lo que busco me queda realizar mi recorrido de vuelta por el desierto para llegar al punto de partida y saber cuál fue la primera orden -si la hubo-  e iniciar esta caminata, y lograr de la tierra que todos deseamos, justa e igualitaria, sea la prometida para todos.


Por acá y más allá se acercan sacerdotes y profetas ofreciendo la palabra cierta de salvación que sólo ellos la guardan y la interpretan. Otros -políticos, economistas mercantilistas-creen imponerse como salvadores  y libertadores de nuestra sociedad con dogmas recogidos fuera de nuestras fronteras. Muchos aseguran que el tiempo de Dios ha sido reemplazado por el tiempo de la razón y la praxis. Los ricos, se guarecen bajo sus duras estructuras desde donde compran el alma de políticos y abogados, asegurando sus proyectos "en bien del país".


Aunque a veces la fatiga levanta su bandera señalando que caminar los sueños y planes de vida sea inútil y no tenga seguridad en lo que busco -como muchos hombres y mujeres del mundo- en cada jornada se desarrolla mi sencilla existencia con la capacidad de amar profundamente, de crear y comprender, de compartir la vida con sus placeres como de resistir las injusticias junto a otros y otras.


Tal vez no sea mucho o bien sea todo lo que puedo hacer.


Autor: Vicente Corrotea A.
Fotografía tomada de la colección de Google



29 de noviembre de 2015

LA PREGUNTA


Los ricos y los pobres 
se hacen la misma pregunta
cada mañana:
"¿Qué me pongo hoy día?".


Vicente Corrotea A

20 de noviembre de 2015

QUILLOTA

De esto hace muchos años, cuando el sol era de cristal limpio y amable y, sin ninguna obediencia horaria, descifrábamos mensajes en las nubes tirados de espaldas sobre el suelo. De vez en cuando, pequeños temblores y gritos todavía lejanos nos sacaban de nuestros sueños infantiles y corríamos a guarecernos ante el paso del ganado bovino que cabizbajo era llevado al matadero. Los mayores también debían meterse en sus casas lo que después provocaba grandes discusiones por la inconveniencia de que estos animales, que cubrían calles y aceras, siguieran atravesando nuestras cotidianas vías. A los niños empero nos satisfacía el riesgo y que nuestros padres y vecinos nos urgieran a entrar en nuestras casas.










Cuando entrábamos, normalmente la casa estaba perfumada si mamá se encontraba haciendo algún guiso o algún postre o cociendo el pan. Era el tiempo en que todo se hacía dentro de casa, desde la mayonesa, el queso, el pan. Yo me sumía imaginando que vivía en un castillo blanco de gruesos muros de adobe, tal como leía en los libros que guardaba mamá a los cuales tenía acceso por haber aprendido a leer. Desde luego no existían los grandes almacenes ni productos concentrados y las verduras casi siempre se encontraban en nuestra huerta. La llamada para acudir al almuerzo era naturalmente obedecida, siendo el mayor de mis hermanos mamá siempre me inculcaba que debía ser ejemplo y lo era en verdad.


Había secretos entre mi madre y mi padre lo que no me importaba pues yo también tenía los míos como, por ejemplo, que mamá siendo muy cooperativa con las vecinas, le disgustaba la señora que lindaba su casa a los pies de la nuestra porque hurtaba nuestras gallinas pues argüía que si se las pidiera ella se las regalaba. Mi secreto era que "la señora de los pies" tenía un perro pequeño con el cual jugaba aunque me estaba prohibido. Eramos amigos y nos encontrábamos en el fondo del patio para intercambiar algunas caricias.



Mamá había avivado mayormente su hábito de ir a la iglesia de San Francisco después que nuestro padre partiera un día sin regresar a casa. Fue una vez en que mi madre seguía una novena y mis hermanitos dormían cuando me atreví ir a calle Condell por donde pasaba el tren transportando pasajeros o maderas o sacos de cemento. Dejar la casa sin la anuencia de mi madre, aunque fuera por poco tiempo, era ya una aventura en mi corazón de niño. Allí estaba el monstruo, haciendo mover la tierra -así me parecía- y si no echaba fuego por su boca por lo menos la cantidad de humo era grandiosa, la que me cubrió esa vez por algunos minutos tras los cuales sentí el sacramento de haberme iniciado como un niño pillete, sin poder colegir en el momento si había ganado o perdido algo en mi vida y, así, mi pueblo se hizo más pequeño y empecé a colonizarlo. Eso creí yo. Después, con el tiempo, descubrí que Quillota, mi pueblo por entonces, me había conquistado.


Autor: Vicente Corrotea A.

Fotografía colección de Google

31 de octubre de 2015

AVALANCHA

Era tal el grado de armonía de ambos habían logrado con ese tiempo que da y resta, consagrando sus vidas en crear, crecer aceptándose, que no cabía duda que eran dos para amarse y ser felices. Había crecido el amor junto con los hijos los cuales ya eran adultos. El tiempo había pasado no sin durezas y especiales esfuerzos aunque entretejido con la dulzura de cada jornada. En algunas, ella se sentía muy útil enseñando a las más jóvenes los secretos domésticos o artesanías de las que disfrutaban. El, mientras tanto, era el jefe de cierto grupo de varones que se dedicaban a crear un mundo mejor compartido, estimulando a otros a exigir sus derechos saliendo a veces a demostrarlo en las calles. 

Por esos días habían ayudado a mucha gente de la parte baja de los cuantiosos daños que estaba ocasionando el temporal de lluvias desde hacía varios días. En realidad, los especialistas no podían hacer demasiado. Algunas familias ya habían perdido sus viviendas. O lloraban al no encontrar algún ser querido o algún niño su mascota. Se produjo un silencio angustioso cuando alguien  había comprobado que los estanques estaban cediendo a la fuerza del agua. Una noche algunos gritaban que el río descendía por la calle principal, y daba un tremendo salto un par de kilómetros más abajo donde el terreno había desaparecido. Era el caos, un cuadro de oscuro desorden y destrucción. Nuestra pareja, ya extenuada, dormía con ropa por la sobrehumana carga del día cuando le golpearon la puerta. Empezaba a clarear para mirar el espanto.

Cada uno o por familia escapaba a donde creía tener seguridad. Ya sabían que más abajo el agua, cual una bestia escapada de su jaula, caía rompiendo escalas que se habían hecho para la gente mayor. Caer por ahí era una muerte inevitablemente cierta. Sin embargo, ver a niños exigiendo auxilio desde el agua era desgarrador. Navegaban sobre un tablón o un techo o simplemente sus cuerpecitos daban tumbos, se hundían y luego aparecían. Bastó para que nuestra pareja de la historia se mirara para saber y decidir qué hacer. El solía en casos de accidentes portar y usar cordeles que sabía ocupar muy bien. Al borde, casi encima del agua, amarraron el cordel donde ella supo aguardar a su marido también amarrada. El podía moverse en una estrecho espacio. Una mujer pasó de largo pues no se movía aterida por el frío. El primer niño recuperado les provocó una gran alegría. Sus padres gritaban cogiéndolo y besándolo. El tiraba la cuerda que tenía un nudo en su extremo, lo hacía con cuidado y ella, poco más allá, sujetaba su cuerpo de cualquier parte. Fueron varias vidas recuperadas. De repente, todo comienza a moverse bajo sus pies helados. Miran hacia arriba y la gente previendo que podía pasar aquello habían subido. Tampoco intentaban ir más allá para no dejar solos a sus salvadores. Entonces ella resbala y cae sobre un techo de una vivienda que empieza a moverse. El ha quedado afirmado de su propia cuerda. Tiene alguna seguridad, pues podría seguir afirmado 
unos cuantos minutos y huir de ese infierno líquido. "Quiero que subas ahora que puedes hacerlo," le grita su mujer. Donde está su amada comienza a dar vuelta sobre el agua buscando libertad y seguir con la tragedia. El se ha sujetado mejor al grueso cordel. Mira los ojos de su compañera pues el ruido ahoga cualquier palabra que pudieran decirse. Ella hace señas y suplica con su mirada que abandone el lugar pues salvarla es inútil. En tres segundos pasa toda su vida desde que la conoció y fue su compañera y él su marido amante, y en sus tres hijos, lejanos ahora. Entonces se deja caer al agua y alcanza a coger el techo-balsa el que inexorablemente se mete en el curso del río de aguas, troncos, cuerpos, tablones, automóviles y barro y más barro. Lo cierto es que nuestra pareja abrazada formando un solo cuerpo es una luz en ese helado averno, una lámpara que arde su óleo final.



                                                                     
Autor: Vicente Corrotea A.
Fotografía de la colección de Google
                                                                                                                                                                     

6 de octubre de 2015

REVERDECER

Camino entre la multitud que ignora mi presencia o me mira como un bicho raro pues me muevo más lento y despreocupado. Ando en busca de lápices negros y de un tipo de cuadernos para mis apuntes. Voy con una sensación de ver algo novedoso y entro a una exposición en el GAM. Después de unas vueltas escojo una pintura y me siento frente a ella para descifrar su misterio y creo que lo voy entendiendo. Mi celular apagado me ronronea como un gato en busca de caricias. No puedo atenderlo. Vuelvo a dedicarme al cuadro y me da la impresión que el árbol de la pintura reverdeciera. Ya son cuatro los llamados y salgo para atenderlo. "¿Por qué no me atiendes? Estoy en el centro. ¿Quieres venir?". He pasado quieto mucho rato descubriendo que me ha faltado oxígeno, recuperando el ritmo de la andadura de la gente. Las calles son ahora ríos de sueños, de ganas de llegar al nido, de ese "¿compraste el pan o lo compro yo?" a través del celular, mientras yo casi troto tal vez para no pensar e inferir aquello que enseñaba un maestro de mi colegio: "Debe pensar cada uno si va por el camino correcto". Me siento mayor al recordarlo y ser dueño de mis acciones. En fin, como sea me estoy moviendo, ya no estaré solo y me viene bien poder confiar y comulgar con otras palabras y requerimientos, con otras vibraciones y caricias.

Siento una fruición como no hacía tiempo. Probablemente por ser un encuentro habitual y sencillo para otros, pero no para mí, resulta más intenso. Ella lo lee en mis ojos. "Solo vive. No traicionas a nadie y menos a ti mismo". Y reverdezco como el árbol.

Autor: Vicente Corrotea A.

28 de septiembre de 2015

MI HABITACION

Poseo una pequeña sala donde puedo escribir, leer y empecinarme hacer mejor lo que hago. Y para guardar ordenadamente mis libros que no todos podrán ubicarse en esta habitación. He ido regalando aquellos que ya he leído y otros que son pedido por mis amigos.  

Sin embargo, he comenzado a sentir cierto pudor. 
He estado escribiendo en mis dos blogs y otros espacios en internet como así mismo guardo temas en mis archivos que pudiera compartir alguna vez. Si bien es cierto que tengo acá un espacio exclusivo no soy de instalarme delante de mi ordenador y ocuparlo como trinchera. Puedo decir que estoy insertado en el mundo que vivo, estoy con la gente y me percato de sus sueños, sus alegrías e infortunios. Definitivamente amo este oficio de escribir como me parece detestable la escasa ética en los sectores de alta responsabilidad comunicacional.

¿A qué viene entonces el pudor? 
Es que lo que escribo no es tanto fruto de mi inteligencia sino una mezcla de tozudez y esfuerzo. Reconozco que siempre fui de los primeros alumnos cuando niño y estudiando en dos ocasiones en la universidad. Un día tuve que admitir que no era tanto por mi natural talento sino por mi esfuerzo en los estudios. Simple. Pero, honestamente, nunca tanto para decaer en mi trabajo aunque me falta -creo yo- ese motor que tienen muchos. Bueno, los de signo Virgo somos amantes de los detalles, sabemos concentrarnos y solemos tener un mayor sentido de la belleza y del orden. Dicen. Además, que si somos Caballo en el zodiaco chino la cosa es más seria. (Esto lo he agregado para que no se crea que estoy triste pues hay muchas cosas que realizo que otros no hacen. Así la vida busca el equilibrio). Advierto, sí, que hay temas "que no me salen". Quiero decir, que no les doy la profundidad que merecen y eso, en algunos casos, salta a la vista.

Considero que más que la habitación de cuatro paredes -que pintaré luego durante la primavera- es la vida interior la verdadera morada donde viven las ideas, palabras, proyectos y sueños, donde también los amores cercanos conviven con los distantes, la claridad de hoy con los pasados recuerdos, las miradas con las nostalgias. Esto lo sabemos todos pero es bueno recordarlo.

Hasta pronto.

Autor: Vicente Corrotea A.
Imagen de la colección de Google.

21 de septiembre de 2015

CUMPLO 73

Hoy, día 22 de septiembre, cumplo 73 años. Y la verdad es que no estoy muy contento. Todavía recuerdo que cuando cumplí 60 años me aseguraron que desde los 65 tendría un ramo de proyectos de esos que rebasan el alma, que dormiría lo que quisiera, que escribiría con tranquilidad y tiempo en el ordenador, que iría al cine cuando quisiera, que leería un libro al mes por lo menos, ah y que dejaría de trabajar por las sucias monedas pues ya tendría arreglado mi presupuesto. ¿Quién dijo que a esta altura de la vida sólo sabría apreciar lo bello, lo equilibrado de la sociedad, su justicia y equidad en políticos, empresarios, curas y policías esforzados, fundando nuestras relaciones en que la ley es igual para todos?.

¡Son 73 años! Me resisto a considerar esta cantidad, es que tengo mucho menos no sólo porque corro en el metro ni porque no ocupo la escala mecánica. ¿Se puede medir el transcurso de los años?. No. Los años o la vida no pueden medirse, a lo mas -ayudado por mi calculadora- saber que tengo 26.663 días sumando uno más por cada año bisiesto. Definitivamente el largo de la vida no puede medirse ni por las experiencias, ni por la felicidad o el sufrimiento cosechados, ni por la entrega desinteresada a los demás sean cercanos o lejanos, ni por las veces que he perdonado, ni por los logros o las equivocaciones, ni por los sueños o lo que espero.

Trato de ser comprensivo con el tipo de barba blanca que veo cada mañana frente al espejo. Luce ojos cansados, pierde cabello por la nuca y le crece por otros lados. A veces lo escucho hablarme. "Oye, has perdido otro poco de humanidad. ¿Cómo van tus ejercicios y caminatas, Vicente? ¿Ha vuelto ese dolorcillo a la región lumbar?". Me fastidia el espejo con su impertinencia. No escribiré lo que hoy me dijo.

Justo tengo hora a las 14:30 horas para hacerme un chequeo médico. Te lo prometo. Espero recibir buenas noticias, y para no me veas como el próximo suicida voy a celebrar estos 73. 

Autor: Vicente Corrotea A.